Antes de que la literatura romana entre en decadencia, emergía un poeta para rescatar el arte literario.  Era Ovidio Nasón, quien nació en Sulmona en el año 43 aC.  Si bien su obra no se compara a la de Virgilio u Horacio, destaca por incluir cualidades propias como son la descripción y la musicalidad.  Realmente, tuvo Ovidio el don de la escritura, al punto que dejó su carrera como abogado para dedicarse a la literatura, gracias a la prodigiosa facilidad de componer versos.

Sus trabajos están influidos por la frivolidad de su alma, carcomida por los vicios de una Roma corrompida.  Lo mejor sin duda es Amores y Elegías, en 3 libros, en donde es especialmente interesante leer la Elegía a la muerte de Tíbulo, por la sinceridad de sentimiento.


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Otras obras no menos importantes son Heroidas, cartas ficticias y declamatorias de las amantes de héroes legendarios (Penélope a Ulises, Briseida a Aquiles, Fedra a Hipólito); Arte de amar, tratado acerca del arte de seducir, catalogado como inmortal; Remedios del amor, en el cual aconseja de las formas de librarse del amor; Metamorfosis, en 15 libros, sobre las leyendas antiguas y la transformación del mundo; Los Fastos, calendario histórico sobre las leyendas romanas; y Póntica, las elegías de su destierro a Ponto Euxino, en donde murió en el año 17 dC.