Es posible que la creación literaria sea un proceso en el cual un escritor escapa de la realidad para crear un mundo de ficción, tesis con la cual Mario Vargas Llosa obtuvo su doctorado en la Universidad Complutense de Madrid, luego de analizar la vida y obra de Gabriel García Márquez.  En Guayaquil, la “perla del Pacífico”, emergía un poeta que vivió una existencia fugaz, que puede servir de ejemplo para demostrar que el novel peruano tenía razón…

El alma en los labios, es el título del poema escrito en su cumpleaños número veintiuno -en el clímax de su carrera que finalizaría con su muerte dos días más tarde-.  Las palabras que se utilizan  son quizás las más hermosas escritas en tierras ecuatoriales, las cuales están cargadas de romanticismo, simbolismo y modernismo, movimientos que influyeron en el estilo creativo de Medardo Ángel Silva.  Una de las características del modernismo es la utilización de metáforas, recurso literario que permite “adornar” un texto con comparaciones de ideas o sugiriendo un doble sentido.  Paradógicamente, el deceso de este poeta sería su última metáfora, pues su muerte dio vida a este poema, al ser inmortalizado luego con el pasillo del mismo nombre, hoy cantado por el quiteño Juan Fernando Velasco.


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 Medardo Ángel Silva nació en Guayaquil, el puerto principal de Ecuador, el 08 de junio de 1898.  Desde muy pequeño tuvo que atravesar difíciles condiciones de vida, pues quedó huérfano de padre a corta edad.  Con los limitados ingresos económicos de su progenitora, pudo estudiar tan solo hasta el cuarto curso en el Colegio Vicente Rocafuerte.  Esto no lo desanimó, pues continúa su formación de manera autodidacta, para lo cual consigue un empleo en una imprenta en donde tiene acceso a los libros.  Aprende el idioma francés, de manera que puede leer la poesía simbolista de Paul Verlaine, Charles Boudelaire y Arthur Rimbaud.  También se interesa por el modernista americano Rubén Darío y por el misticismo de Amado Nervo.

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Con estas influencias, Silva comienza a escribir poemas inéditos, que luego de su insistencia logra que sean publicados en los periódicos de circulación nacional.  Poco a poco llega a ser conocido, al punto que es contratado como editor de El Telégrafo.  En dicho diario además de escribir artículos periodísticos, tiene la oportunidad de realizar la entrega en forma continua de su novela María Jesús y también de otros poemas de su autoría.  En 1917 llega a publicar un libro de poemas denominado El árbol del bien y del mal.  La recopilación de otros poemas que no pudieron ser compilados en su vida, son recogidos luego en el libro Poesías escogidas, editado por Gonzalo Zaldumbide en 1926.

 Un capítulo aparte merece la invocación de Rosa Amada Villegas, la musa que inspiró a Medardo Ángel Silva para crear El alma en los labios.  Al comunicar la quinceañera que no puede continuar su relación amorosa debido a la oposición de sus padres, provoca el suicidio del joven amante, dando cumplimiento a su frase “el día en que me faltes, me arrancaré la vida” tal como consta al final de la segunda estrofa del poema.  Rosa Amada sería luego la inspiración de otro poeta con quien finalmente se casó, Lauro Dávila Echeverría, nada menos que el autor de la canción “Guayaquil de mis amores” junto al compositor Nicasio Safadi.

Gracias,
Diego Hidalgo – Biblioteca Virtual de Dominio Público
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