Marco Tulio Cicerón (106-43 aC) es el autor más representativo de la literatura latina.  Para el conocimiento de la historia de Roma es indispensable el estudio de esta figura.  Desde niño asistió al Foro para observar la ejecución de discursos de grandes oradores.  Esta pasión hizo que sea su forma de vida, de manera que desde los 25 años hasta su muerte a los 62, no dejó de pronunciar defensas judiciales y discursos políticos, casi siempre con éxito ruidoso.

Su interés por la cosa pública ocasionó que a su regreso de Grecia en el año 76 aC, fuese nombrado cuestor o encargado de los asuntos de Roma.  Más adelante ejerce diversos cargos públicos hasta que es nombrado Cónsul en el año 63 aC.  Es ahí cuando desenmascara la revolución que preparaba Catilina y hace ejecutar a los conjurados.  Por intrigas de sus enemigos políticos, en el año 58 aC es desterrado pero regresa para ponerse a la cabeza del gobierno de Sicilia (año 51 aC).  Cuando vuelve a Roma arranca la guerra civil entre César y Pompeyo, en donde Cicerón toma partido por el primero.  A la muerte de César, Antonio intenta sucederle pero se encuentra con el embate de los discursos de Cicerón, con sus Filípicas.   El gran orador finalmente es asesinado en el año 43.


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La principal característica de Cicerón es la originalidad de su oratoria, en donde es el máximo representante en las letras romanas.  Su arte, ampuloso y redundante en sus primeros discursos, llegó al gran ideal de sencillez y vigor en los últimos.  Maestro de la elocuencia, lo es también Cicerón del estilo literario: rico, variado, preciso, elegante.   De Cicerón decía el preceptista Quintiliano: “Aquel a quien le guste mucho Cicerón, sepa que ha adelantado en el arte literario” y San Agustín: “Qué cosa hay en la lengua latina mejor que Cicerón?”.